4. La última voluntad no dicha
La última voluntad no dicha
Por: LocuzVu
Volaba
el Cuervo de la Curiosidad sobre la sociedad de los secretos, donde la mayoría
eran artista y otros misterios o conjuros universales,
CC-
todos ellos pueden ser libres cometas o
mis nuevas almas a embotellar-
(Susurraba para sí mismo el Cuervo de la Curiosidad)
A veces los miraba de lejos por ventanas vacías y otras tantas como sombra entre sus reuniones cotidianas, solo contemplando ese compartir, su reír, el decir más de lo que debían y así cada hora, cada día. Un día decidió aterrizar a las orillas del bosque de las injurias, y entre las sombras escuchó:
G-
¿Son ellos los llamados a morir mi señor
Cuervo, o son los virtuosos que serán atrapados y guardados en sus botecitos de
caos?
(Preguntaba
sigilosa Genoveva, una araña peculiar a quien le gustaba quitar pestaña por
pestaña a quien osará comer del árbol de la vida, ese viejo árbol maldito que
solo aparecía cada cierto tiempo a las orillas del bosque con sus frutos
jugosos ante los ojos de cualquier pecador. Genoveva era muy conocida en la
sociedad por esa vez en la que logró adueñarse de la vida de una joven llamada
Etcétera: Cada año entre las mismas
fechas, el viejo árbol mudaba sus hojas, los habitantes atraídos por el olor
inmaculado podían perder el miedo adentrándose en el bosque, pero debían
respetar esa hora del sol, donde las nubes tiemblan y la luz se torna roja y ahí
el miedo se vuelve nulo, entonces todos entraban, salían, corrían y seguían, pero
Etcétera atraída por el canto de un petirrojo se adentró sin saberlo a las
cercanías de Genoveva, quien tapaba muy
bien su mórbido cuerpo con muchas hojas,
-fue un descuido, un miserable y estúpido instante donde Etcétera confundida
por la hora del sol, el canto de aquella ave y amante de la libertad, corrió
directo al arbusto donde Genoveva se impacientaba con su boca abierta, humedeciendo
con su salivar cada paso hasta atraparla. La arrastro rápidamente, los habitante
de la sociedad solo pudieron correr desorientados por el pánico mientras
escuchaban los gritos ahogados de la joven alejándose. Etcétera suplicaba por
su vida, que le dejase regresar, pero Genoveva como oír una lluvia apacible masajeaba con sus patas peludas
el cuerpo de Etcétera, momificándola viva, escuchándole latir, pues ya no eran
gritos, sentía como parte de su telaraña era rasguñada con desespero, como algo
quebrándose hasta la inmovilidad.
Nunca hubo un rastro de Etcétera, pero a partir de ahí nació la frase: “La libertad es tentadora, pero la maldita Genoveva es la peor hora del sol”
CC- Te has adueñado tanto de este árbol y su fruto prohibido, que tu conocimiento se ha expandido a la adivinación mi octópoda.
G- Ellos son una tierra muy ajena mi señor Cuervo, si tu escudriñas su ser y te haces de su raíz, volverás a tu guarida, quizás triunfante con tus nuevos botecitos de hallazgos, o talvez regreses decepcionado por su inocencia efímera, estos seres mantienen un aura que atrae a cada espíritu en este bosque. ¿Ha visto sus miradas cuando encuentran la libertad o cuando esta es arrebata?.
CC- Sí, pero no concibo adueñarme de ellos sin motivo. Me inquieta descubrirles lejos de la felicidad y a lo que dicen amar.
G- ¿Puedo darte un consejo mi señor?
CC- Dime.
G- No te presentes con tus plumas abiertas, ni prestes atención a su codicia intelectual, tú eres un muerto que cambia de vida y ellos adoradores de lo teatral.
CC- Por el momento he decidido no escandalizar sus vidas, tendré que cambiar de forma para traer nuevas colecciones a mí casa, por el momento tengo tres cosas en mente y no sé si habrá una cuarta o más. Quiero que su confianza sea genuina para que perduren aún más.
Y así, entre el consejo y la difusa decisión, fue arrancando su plumaje, donde cada herida escupía el mismo susurro: “oscuridad maldita,
dejas a un lado nuestra voluntad por adentrarte a ese mundo sin caos; ¿nos dejaras
aquí sin tu fúnebre calor? Maldito seas nueve veces más de lo que fuimos
contigo”.
Su aleteo se volvió cada vez más errático e intentando salir del bosque lo atrapó Genoveva con su mentirosa telaraña:
G- Mi señor Cuervo, protegeré tu cuerpo hasta que completes tu trasformación, mira a lo lejos, te asechan depredadores que anhelan salir a la luz y hacer de las suyas (pero las intenciones de Genoveva no eran de protección, sino de consumir su don natural y espiritual, con esto podría engañar a los habitantes de aquella sociedad, para torturarlos con sus juegos infernales y finalmente devorarlos. Esa sangre esconde el mejor sabor delicado que el del viejo árbol maldito.
CC- Mantenme enredado no hay problema, soy ave que vuela, espíritu que se mueve, viene y va, de aquí y allá, sabes que puedo mutar en lo que yo quiera, pero no olvides que mi apetito despierta cuando recuerdo una curiosidad. (Aquí Genoveva no comprendió el comentario pero sabía porque le llamaban El Cuervo de la Curiosidad)
G- Perdóname mi señor, mi naturaleza me traiciona y me hace muchas veces pecar.
El miedo de Genoveva fue tan grande ante el comentario del cuervo que la hizo lanzarlo del bosque inmediatamente, cayendo en un jardín cercano de aquella sociedad, el pobre cuervo no pudo evitar desencadenar sus infernales graznidos, por lo que la gente comenzó a despertar somnolienta diciéndose: -es solo un mal soñar, volvamos la cabeza a la almohada que hay que descansar. Aquella sociedad ignoraba el verdadero despertar de aquella noche y su terrible curiosidad.
- Pero ¿a dónde vas miserable cuervo? , ¿Piensas mezclarte y ocultarles tu frialdad?, ¿A caso olvidaste aquellos botecitos que se esconden muy adentro del viejo olivo? ¿No es acaso tu corazón el que agoniza ahí mismo? Le habían seguido sus plumas con sus sigilosos reclamos, pues tenía vida propia después de tantos años.
CC- ¿Quien más viene conmigo? Tengo sed de beber licores de olvido y contemplar la nueva luz en los ojos de esta sociedad que oculta muy bien sus secretos. Escabullidos tanto tiempo que la luz ha venido por fin a llevarse alguno de ellos.
A
minutos de su llegada se sentía perdido, dejaba de ser ave negra para caminar
en dos patas desnudas, con heridas entreabiertas que tardaban en cicatrizar,
logro colarse a una casa que desde su vuelo había contemplado, una vieja y
desolada cabaña, perfectamente su nuevo hogar.
-Hoy eres más que un humano, deberíamos irnos, ¿para qué seguirás entre los vivos? (Le decía Pluma negra que decidió seguirle, pues la curiosidad no está atada a la voluntad de uno, sino a la esencia de contemplar más de lo que es permitido, y Pluma negra tenía esa cualidad)
El día inicia, la Sociedad se percata de ese desconocido sentado en la fuente de los “sinceros” con aspecto humano, “normal”, un sombrero (¿de paja? ¿de liebre o piel de castor será?), con esa pluma negra brillante a su costado, con vestimenta holográfica, poco común, con una mirada taciturna. Se le acercan a recibirle con “agrado” y cierto temor (aquí no hay presentaciones formales, solo el recibir a quien aparezca y mientras mantenga en lo posible la locura en su sitio), pero hay algo que no cuadra para alguno de ellos, y aunque no es regla, pero es un mismo sentir para ellos: Comparte, no juzgues, continua. Intentan omitir dicha percepción. La atmosfera se vuelve un poco incómoda para el cuervo quien se adelanta a pensar que no encaja en este nuevo vivir, error progresivo comienza a precipitar el cambiar de forma, como estallido interno, --esta locura en cada uno de ellos es absorbente, no son una sociedad común, cada uno oculta un sentir transitorio, efímero, un pecado talvez, hay algo colectivo ¿un silencio aterrador?, ¡Que va!. Decide alejarse de ese grupo conformado por poetas, lectores, artistas, pero en su pequeña huida le detiene Durto, (alguien a quien le gusta adoptar un papel paternal ante su percepción de seres que no sienten encajar):
D- ¿Qué sucede mi pequeño Forastero? Pareces un fantasma entre tanto vivo ¿o serás algo más?, ¿Cuál es tu nombre?
CC- Me llamo Segismundo.
D- Puedo decirte solo una cosa: Date una oportunidad, no sé lo que quieres, ni lo que buscas, pero aquí quizás con el tiempo aprendas algo nuevo. No te vayas, quédate y camina, camina con estos que somos una sociedad hechicera y tú ahora eres parte de nosotros.
CC- Parece que mi curiosidad de llegar aquí, no era más que un deseo primitivo, y ahora que te escucho quizás no deba dudar tanto y dejarme llevar.
Su ansiedad comienza a maquinar a la izquierda de su cabeza en voz baja: -¡La curiosidad no solo mata gatos!, ante esto corta la mano derecha de Durto, quien en un momento desesperado intenta gritar, pero Pluma negra atraviesa su garganta, robándole la lengua e impregnando en él un venenoso recuerdo, su cuerpo es llevado hasta la guarida de Genoveva.
G- Mi señor, ¿qué significa esto?
CC- Puedes llamarlo ofrenda, bondad, como tú quieras.
G- Tu generosidad me intranquiliza mi señor, pero acepto humildemente tu regalo.
CC- Por hoy poseo la primera de las tres colecciones que me quedan: (*). Pienso que lucirá muy bien junto a la lámpara de huesos brillantes de aquellos niños atormentados por otros, y hoy, esa su luz ilumina mi casa. ¿Tú que dices?
Han pasado varios días y la hostilidad del cuervo comienza a desgarrarle el alma, todos buscan a Durto, pero no con desespero, sino como una duda de saber si también ha sido absorbido por la libertad, no es el primero en abandonar dicho sitio y sería algo muy normal.
CC- Y mi curiosidad va creciendo, ¿Qué solidaridad hay aquí? todo ser solitario que se pierda será una coma o un simple punto final, pero… ¿y si llego hasta esa dulce primavera que tanto protegen los Zarkom?
Dulce primavera llamaban Risper y Dolis Zarkom a una flor que solo crecía en su jardín, ellos eran una pareja que desde su llegada en el otoño, nunca hablaron con nadie, (Excepto con Durto) sino hasta la primavera, ellos ponían un pétalo de “dulce primavera” debajo de su lengua y esta les permitía transmitir una voz de paz, la cual aprovechaban en unas lecturas que inventaron hacer en su casa los sábados al caer el sol de las 4:00 P. M., tradición que la sociedad encontró placentera.
El cuervo de la curiosidad sabía el por qué. Y fue así que aprovechándose de la tradición y que la mayoría estaban atentos a la lectura, se escabullo hasta el jardín y arrancando de raíz la dulce primavera esto hizo que los Zarkom cerraran de inmediato su boca, ya que su voz real era como el estruendo de los cachalotes (la pareja era descendientes de seres mitológicos pero al no ser de raza genuina, su voz fue la maldición de esa variante) con la poca fuerza de los pétalos que tenían ya en sus bocas, pidieron amablemente retirarse de su casa, la paz con la que lo pedían no era como una orden sino como un tipo de hipnosis.
Todos salieron a excepción de la vieja Kazandra quien realmente nunca escuchaba nada, solo se guiaba por lo que los demás hacían, pero esta vez decidió quedarse escondida detrás de las cortinas cerca de la chimenea, pero al no ser notada los Zarkom corrieron hacia el jardín hablando en su dialecto normal, lo que ocasionó que la vieja cayera con parálisis, impactando e incrustando en su pecho un atizador mal colocado. Herida que la mato de inmediato.
CC- ¡La razón de tanto encanto no es más que una flor cualquiera!
RyD Z- ¿Qué es lo que haces? ¿Qué es lo que quieres? Hemos estado aquí en profunda tranquilidad sin dañar a nadie.
CC- ¿Sin dañar a nadie? ¿Y lo dicen sin ninguna pizca de remordimiento? Cada uno de estos, que les han escuchado recitando cuanta lectura proveniente del más alto intelecto, con tanta atención casi al punto de la devoción y ustedes ¿cuantos días de vida hasta hoy han robado a causa de esta preciosa flor? preciosa e infortuna que solo les permite alimentar sus egos pero les han robado la juventud a estos miserables sin saberlo. Si no fuera por las hojas del viejo árbol maldito, todos ellos hace tiempo estarían ya bajo tierra.
RZ- ¿Qué puede importarte a ti todo esto?, hemos sido libres durante muchos años y no es hasta hoy, en este lugar que hemos dejado de ser inhumanos y aquí nadie ha muerto.
DZ- ¿Qué eres en realidad? Hemos hablado sin el efecto de los pétalos, y tú estás aquí como si nada. Devuélvenos la “dulce primavera”.
CC- No hace falta decirles quien soy, les propongo un trato: Sacad cada uno un ojo de la cara del otro, el que queráis, no importa cuál sea y os devolveré la primavera, así de dulce como la voz que han soñado tener durante tanto tiempo. Tiempo por un par, par que os dejara ser libres a voluntad. Un pago muy generoso para lo que seguirán haciendo.
Los Zarkom atónitos se miran uno al otro considerando la propuesta, sus ojos por la dicha de seguir hablando y recitando con los demás sin estruendos o parálisis. Y saltan ambos a la cara del otro con decisión absoluta, no hay duda en ambos y arrancando cada uno el ojo del otro lo entregan con miedo al Cuervo de la curiosidad. Quien les dice:
CC-
Creo en lo que veo, creo en el miedo y
creo en el poderoso hecho de mantener un deseo. Os entrego su preciada flor y
me llevo los luceros de la voluntad.
Segunda de tres colecciones: (**)
-¡ES TIEMPO PRUDENCIAL PARA REGRESAR A CASA! (grita Pluma negra)
CC- Mi llegada no era más que una deuda pendiente con ese ser que realmente me escucho, fui un petirrojo para ella que se confundió con la hora del sol. Mi maldito cantar coincidió con estos abominables seres que entregaron al vacío una hermosa curiosidad:
La pareja Zarkom quienes rondando el bosque de las injurias, se toparon con la telaraña de Genoveva e influenciados por su malicia, les regalo una semilla y les prometió que nacería de ella una flor que cambiaría su suerte, pero a cambio pidió que le entregasen la sangre de un inocente de aquella sociedad, deben hacerlo para el tiempo en que aquel árbol cambie sus hojas. Como muestra de buena fe les entrego dos pétalos para que lo colocaran debajo de sus lenguas y les dijo que podía hablar con normalidad, sorprendidos con esto, aceptaron sin ningún tipo de cuestionamiento. Fue saliendo del bosque que se toparon con el paternal Durto quien les recibió con la misma devoción de un padre al no ver a sus hijos durante mucho tiempo llevándoles a la sociedad y a su nueva cabaña. Y fue así como con el tiempo comenzaron las hojas a caer del aquel árbol maldito, los Zarkom preguntaron a Durto ¿quién en la sociedad amaba tanto la libertad? vino a su mente la joven Etcétera, pues en sus ojos siempre había una luz anhelante de curiosidad y al mismo tiempo llena de inocencia; le dijeron que si la llevaba al bosque a la recolección de hojas, le darían “El bastón del errante” (un viejo bastón con dibujos mitológicos que cargaba Risper Zarkom el día que conoció a Durto y quien no disimulo su interés al verlo). Sin dudarlo, Durto llevo personalmente a Etcétera al bosque, prometiéndole que encontraría eso que tanto mataba su alma de curiosidad. Desde aquí todo es historia.
CC- Debo pasar a despedirme de Genoveva. ¿Me acompañas? – ¡tú sabes que sí!
Y volviendo a su forma natural vuela hasta el bosque de las injurias a buscar a Genoveva:
G- Mi señor Cuervo ¿has concluido tus colecciones?
CC- Por supuesto. ¿Quieres ver?
G- Claro mi señor, será un placer!
CC-
Tengo aquí:
* “la mano de quien no duda en
extenderla a pesar de la culpa”
** “el universo en los ojos de los amantes que fueron cómplices de una crueldad mutua”.
CC- ¿Qué te parecen mi octópoda?, ¿Podrías decir que en mis ojos se ve la satisfacción?
G-
(¿¿¿esos ojos??? ¡Sé que los he visto
antes!).
Mi señor Cuervo, Recuerdo que mencionaste que tus colecciones serían…treeee-e-e....
Pierde la voz y todo su pelo empieza a erizarse, siente que su corazón está por reventar de tanto bombardeo, su boca se hincha al punto del ahogo, su cuerpo ha comenzado a paralizarse y su sentido arácnido le dice que algo la absorbe sin tocarla. Aparecen muchos ojos que le observan, pero entre ellos un solo color que le alimenta el pánico, los ojos y la mirada penetrante del Cuervo quien se acerca a decirle:
CC- *** “El alma maldita de una bestia sin paz”
CC- Es momento de volver a mi viejo olivo, algo ahí me llama, algo ahí me espera.
Vuela el Cuervo de la curiosidad, dejando atrás la sociedad de los secretos, turbulento vuelo que se acaba en la copa del viejo olivo, guardando sus colecciones en unos botecitos color olvido, con tapaderas de corcho, atados a un costado de su librera, donde aún queda el único cabello que encontró de esa persona que le vio como petirrojo y no como cuervo de la curiosidad.
****
“El recuerdo de la inocencia bajo las
alas vengativas de la curiosidad”

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