8. Se lo que vi.
Se lo que vi. Por: Miguel Ángel Páramo Inocencio le había puesto de nombre al conejo, porque se parecía a mi bisabuelo Inocencio, con sus enormes dientes y cara de tonto. Yo tenía cuatro, o cinco. Ya no me acuerdo. Me lo llevaron por mi cumpleaños y yo lo amaba. Lo amaba como un niño ama a un buen amigo. El dolor y la culpa nos hace ver hacia atrás con más frecuencia, supongo. En aquellos tiempos yo era un niño hiperactivo. Se llego la boda de unos familiares lejanos del pueblo y entre licor y música mis padres me descuidaron. Unos minutos bastaron para causar un desastre en la cocina, ¡y la vergüenza que pasaron! Me sacaron casi arrastrándome del brazo, con la furia en sus ojos. El castigo fue cocinarlo a mi pobre Inocencio. Mi mama no lo sabe, pero logre ver a mi viejo, que en paz descanse, cortándole el buche y abriéndolo por la mitad con un cuchillo de cocina. Me hicieron comérmelo, a mi pobre Inocencio. ...